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Ritmos de una ciudad legendaria

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marzo 12, 2012 by Nhue Concierge

 

Tierra de colores, contrastes, olores y sonidos, rodeado de un ambiente de música y folklore. Bella y misteriosa, una seducción para los  sentidos, una invitación a la calma y la desconexión.

Su ubicación entre el Sáhara, la majestuosa formación montañosa del Atlas y el Anti Atlas le hace estar en el centro de una encrucijada en la que comerciantes, mercaderes, poetas y viajeros tomaron como lugar de parada desde hace siglos. Alain Delon,  Yves Saint Laurent, Omar Sharif o Jack Majorelle, son algunos de los nombres que ya se han dejado hipnotizar por una de las ciudades más seductoras del mundo, Marrakech.

Existe una lista interminable de lugares ineludibles y actividades que hacer cuando se  viaja a ella. Así que  es fundamental planear bien el tiempo, de modo que de lugar a disfrutar de todos sus encantos: reconciliarse con la naturaleza, paseando  a los pies de las cascadas de Ouzoud; sobrevolar sus plazas; disfrutar de una puesta de sol en el desierto de Zagora; prácticar jet ski en el Lago Lalla; esquiar en su estación de  Oukaimeden; relalajarse tomando un brunch con los pies en el agua, bajo el sol y las palmeras en pleno palmeral; degustar un tajine tradicional o disfrutar de una maravillosa velada alrededor de una mesa en el  Restaurante Kosyban, donde los amantes del arte del buen vivir se dan cita para degustar unos deliciosos momentos, acompañados por un sinfín de caldos de la tierra y música en directo .

 Las primeras luces del día son  el mejor momento para visitar 19 Km de muralla, jalonada por 22 puertas de historias tan asombrosas como invisibles. Es en este momento cuando el sol les concede un color algo anaranjado, que a lo largo del día se tornará al rosa para terminar rojiza al caer la noche. Murallas que no fueron construidas para defender la ciudad, sino para separar el harén de las miradas de los más curiosos. 

Tras esta visita es hora de adentrarnosen la Medina y disfrutar de un safarí urbano por las calles sombreadas de sus zocos, donde se mezcla  tradición, originalidad y  diseño. Un  mundo de sonidos, olores y colores que invaden cada uno de nuestros sentidos y nos hacen retroceder en el tiempo  miles de años ,  cuando fue lugar de encuentro de caravanas que viajaban por el desierto para comerciar, concluir negocios, beber té con amigos e incluso arreglar bodas. Dejarse llevar y perderse entre sus callejuelas, es detener el tiempo. Disfrutar de una variedad de artículos casi inimagible, regatear y tal vez disfrutar de un buen té convidados por un  comerciante, a fin de hacer un buen negocio. Sumergirse en una vida , probablemente, muy diferente a la que estamos acostumbrados.

 Al caer la noche, cuando se está poniendo el sol, el mejor lugar donde nos podemos encontrar es en La plaza de Jemaa El Fna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2001. Un verdadero teatro al aire libre. Fundirse entre Tatuadores de henna, encantadores de serpientes, artistas callejeros, músicos…, que  acaparan la atención de los paseantes. Deambular de espectáculo en espectáculo, con una taza de té, de menta y canela, o un zumo de naranja en la mano, contemplando como deviene la noche reconfortando nuestro espíritu.

 No podemos perdernos sus grandes tesoros, como las tumbas de los Saadíes, con sus imponentes mausoleos en mármol; el Palacio de la Bahía, encargado en 1880 por el gran visir concebido para satisfacer una obsesión: evitar que las esposas y las concubinas se
cruzasen ; el Café literario Dar cherifa, la casa más antigua de la Medina convertida en un centro cultural único; la judería del Mellah, y la zona moderna del Guéliz. Por  supuesto, cientos de lugares de culto con un gran valor cultural abren sus puertas para la meditación, la plegaría y la admiración. Es el caso de Katoubia famosa por su minarete,
gemelo de la Giralda sevillana y para el que sirvió de modelo. O la de Ben Youseef, de origen almorávide.

Quien llega predispuesto a encontrarse un paisaje árido y  desértico , sus  parques y jardines son una grata  sorpresa. Los jardines de la Menara, de 100 hectáreas de extensión, ofrece  cuarenta variedades de olivos, además de más de 10 hectareas de palmeras, naranjos y manzanos. Durante mucho tiempo punto de encuentro para las citas amorosas de los sultanes. Y con razón. Bordeado de cipreses el pabellón se refleja en un estanque majestuoso con las Montañas del Atlas como telón de fondo; El jardín del Agdal se extiende en 4,5 km cuadrados plantados de frutales y olivos en cuyos estanques,
el mayor de ellos de la época almohade, se reflejan las ruinas de un palacio saadí.; Y como no, probablemente el jardín mas misterioso del siglo XX, el Jardín de Majorelle, un
estallido de colores, olores y cantos de aves. Diseñado por el artista Jack Majorelle y que el gran modisto Yves Saint Laurent puso por las nubes. Un lugar mágico, un lugar de inspiración y calma,  que cuenta  con una importante reserva natural de flora y fauna, y una característica que lo ha convertido en mundialmente famoso, su color azul ultramar único. Tanto amo  e inspiro el genio francés el Jardin Majorelle que es aquí donde ha encontrado descanso eterno, como en una serena obra de arte.

 Y después de todo esto, nos preguntamos  ¿dónde alojarse?. Alta tecnología, jardines oníricos, spas gigantescos… Los hoteles de la ciudad roja son irresistibles para los famosos y tanto o más lujosos que los de las grandes urbes europeas. Y porque no alojarse en una de las construcciones mas típicas y tradicionales, que condensan todo un arte de buen vivir alrededor de un patio secreto. Un maravilloso invento arquitectónico: el Riad marroquí, una casa de lujo típica de Marruecos, que ofrece al visitante un universo inédito de arquitectura barroca, art deco, minimalista… 

En pleno corazón de la medina y para una estancia simplemente perfecta se encuentra el Riad Joya, referente para los amantes del lujo y las parejas que quieran hacerse un regalo. Hospedarse en esta casa privada es tener acceso exclusivo a los secretos mejor guardados de la ciudad.  Con un diseño contemporáneo, cuenta con 7 suites individualmente  concebidas para despertar cada uno de los sentidos. La decoración mezcla la influencia árabe con un estilo ecléctico y un diseño vanguardista. Cada visitante se sentirá especial gracias al alto nivel de servicios, capaz de satisfacer las más altas exigencias de cada uno de sus huéspedes.  La terraza es el lugar ideal de descanso y lectura . Saborear lo mejor de la alta cocina servida en la intimidad, serán el colofón para una estancia deliciosa. 

Por último tampoco puede perderse el ritual del Hamman, puro momentos de placer.  Estos tratamientos, practicados desde hace siglos, proporcionan momentos de calma y serenidad. Baños con pétalos de rosa, masajes con piedras o con aceite de argán…, tratamientos de lujo para despertar poco a poco los cinco sentidos.

Permítanme un último consejo: déjense hipnotizar por el hechizo de Marrakech…Ya que es uno de esos lugares que hay que  visitar por lo menos una vez en la vida, o dos… o siempre. Todo el que va vuelve, ¿por qué será?

Beatriz Peña

 


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